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9. Aprender a responder con calma

Todos tenemos una lista de cosas que nos sacan de quicio. Para algunos puede ser encontrar las botellas de agua vacías en un dia de calor o platos sucios al entrar a la cocina para preparar el café de la mañana . Para otros es entrar a la casa después de un dia largo de traba y encontrar ropa, zapatos, y/o juguetes desparramados por todos lados. Incluso puede ser algo tan insignificante y tan irritante como el encontrar el pomo de dentífrico sin tapa, o que no hay papel higiénico puesto en el baño!


Nos irrita ciertas personas, ciertos temas, ciertos comentarios y ciertas situaciones. Parece que no podemos evitar que se nos erice la piel. Y, de hecho, no podemos-pues es el sistema nervioso reaccionando. Pero una vez que aprendemos a entrenarnos a ser testigos de nuestra reacción “visceral” podremos decidir con la cabeza como proceder frente a estas cosas. Nos fijamos. Nos preguntamos:

  • ¿Qué me dicen mis ojos? ¿mis puños? ¿mis hombros? ¿mi estómago? ¿mi respiración? ¿los latidos de mi corazón?

  • ¿Qué me avisa mi cuerpo? ¿quiere que salga a correr? ¿a pelear? ¿a esconderme abatida?

Solo parar, observar y respirar. De a poco parece que se aclara y logramos ponerlo en perspectiva...nos damos cuenta que sí, es cierto, molesta, pero no es para estar furibundo ni vociferando a todo pulmón. ¿Qué soluciona el gritar, el castigar, el quejarse? ¿Acaso ha mejorado la situación haciendo estas cosas en el pasado? Y mas importante¿Cómo le hicimos sentir a nuestros afectos cuando reaccionamos así?


Aprender a ser testigo propio. Inhalar, exhalar, relajar el cuerpo. Adoptar una sonrisa tenue en el rostro y permitir que el sistema nervioso se de cuenta que todo está bien, que no hace falta reaccionar. Con tan solo eso la tension se afloja y podemos tomarlo con calma y buscar maneras de responder de manera más efectiva y gentil- con respeto-como se merece cada miembro de nuestra familia.


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