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"APRENDER A SER AMIGOS" por Charles y Patricia Posnett

Actualizado: 26 abr 2022





“Dios es amigo del silencio. Su lenguaje es el silencio”.

- Madre Teresa de Calcuta

Los niños y las niñas se hacen de amigos fácilmente y con frecuencia juegan con casi

totales extraños.

En contraste, como adultos, sentimos con frecuencia la necesidad de pasar por un proceso

calificador en el cual tratamos de descubrir los antecedentes de los otros, sus gustos y

aversiones, su estatus social, sus logros, aún sus lealtades políticas y religiosas, antes de

comprometernos a llamarlos nuestros amigos.

Jesús fue notablemente diferente en su actitud hacia la amistad: “Los llamo amigos

porque les he dicho todo lo que he oído de mi padre. No me eligieron ustedes a mí… Este es

mi mandamiento, que se amen unos a otros”. ( Juan 15, 15-17)

La amistad que trae la meditación cristiana es una forma particularmente poderosa de

relación. Produce una propuesta radical, contraria a la intuición: que podemos hacernos

amigos sentándonos en completo silencio con cada uno de los otros. Esto parece no

presentar problema para los niños. En el aula, pronto forman una comunidad de amor al

meditar juntos habitualmente. En esta comunidad de amor, los niños se vuelven más

cuidadosos los unos con los otros, notando rápidamente si uno de la clase está de mal

humor, incómodo o sencillamente triste.

La mayoría de las escuelas donde hemos introducido la meditación cristiana tienen una

gran proporción de niños procedentes de diferentes ambientes y diferentes creencias, y

en algunos casos sin ninguna fe.

Estos niños de diferentes creencias no ven ningún problema en sentarse y orar juntos en

silencio.

Uno de los docentes da testimonio del hecho que los niños y las niñas llevan la meditación

a sus hogares:

“Diría que cerca de las tres cuartas partes de la clase practican la

meditación en sus hogares. Muchos padres dicen que ellos realmente lo aprecian, y que

esto ha llevado a mayor acercamiento familiar a través de la oración y la meditación”.

Lo mejor de todo es que los niños aprenden a hacerse amigos con Dios. Incontable

número de niños dirán que han encontrado a Dios como resultado de su meditación. Han

hecho esto solo por estar en silencio y atención a su llamado. Una vez que esta amistad se

ha formado, permanecerá por el resto de sus vidas.

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