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8. Alerta Roja! Reconocer las señales

Muchas veces perdemos la calma. Nos enojamos, salimos dando portazos, gritamos para luego preguntarnos ¿para que? Nos damos cuenta que el evento no ameritaba tal respuesta, pero ya es tarde. La relación se resiente.


Por eso lo primero que tenemos que aprender es a reconocer las señales del cuerpo de que estamos a punto de estallar. El cuerpo es elocuente. Nos avisa cuando estamos enojados, asustados o aterrorizados. Cuando el sistema nervioso avisa de algún peligro o amenaza el cerebro envía refuerzos para que el cuerpo pueda responder rápidamente. Si hay peligro y hay que huir, las piernas reciben un impulso para poder reaccionar alejándose del lugar. Si la respuesta del cuerpo es enojo los ojos se achican y las manos se cierran formando puños listos para pelear.


Es importante entender que nosotros no somos responsables por estas señales - ya que estos se originan en el sistema nervioso. El sistema percibe peligro y nos alista, el cuerpo te avisa. Pero más importante es entender que estas señales son tan solo eso-señales. Nos avisan que el cuerpo está alistado para responder a lo que el sistema percibió como amenaza, pero el que decide si hace falta poner en acción la artillería somos nosotros.


Cuando somos testigos de nosotros mismos, estaremos atentos a las señales y podremos pausar, respirar y confirmar si el peligro es real o imaginario y si merece una respuesta o no. Solo cuando estamos atentos a las señales podremos tomar decisiones acertadas. De otra manera solo somos reactivos. respirar, meditar, hacernos de tiempo para una práctica contemplativa nos prepara para poder ser testigos, monitores de nosotros mismos y estar atento a nuestras propias reacciones.

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