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5. Disciplina y obediencia: a partir de los dos años

Dra. Tamara Salmen

Pediatra - Conducta y Desarrollo

Centro Médico Docente La Trinidad - Caracas


El periodo entre dos y tres años nos da la oportunidad de trabajar la disciplina y la obediencia, dos puntos muy cruciales en la crianza de los niños.

A medida que su lenguaje y pensamiento se van enriqueciendo el niño comienza por tomar en cuenta sólo su punto de vista, el mundo es a su medida, e irá construyendo opiniones o relaciones de acuerdo a lo vivido, opinará por ejemplo, que todos los papás son altos como el suyo, o si pregunto donde vive responderá allá cerca del árbol grande. A este tipo de pensamiento centrado en sí mismo se le llama egocéntrico, que no es lo mismo que egoista, y será superado, más adelante, cuando el niño comience a considerar el punto de vista de los demás.

En esta edad, caracterizada por un gran egocentrismo, el niño afirma: " Es mío". Para el niño el mundo gira alrededor de él, y por lo tanto, todo es de él. Por este motivo, a esta edad al niño le cuesta compartir, más la experiencia ly los modelos de convivencia le permitirán ir aprendiendo a hacerlo y darle su justo valor.


Además, lucha por su autonomía manifestando querer hacerlo todo él solito. Quiere comer, cepillarse los dientes, sujetar el libro que se lee, desvestirse, bañarse y vestirse solito, aun no teniendo a veces la habilidad de hacerlo. Si bien puede verse como gracioso que el niño quiera ser una "autoridad", en todo momento, tanto en casa como fuera de ella, es el momento de recordarle quienes son las verdaderas autoridades en su vida: Papá y Mamá.



Cuando hablamos de autoridad, nos referimos a una autoridad basada en el amor, en el respeto mutuo. El padre es una figura de referencia, de guía, que le ayudará a internalizar con el tiempo el aprendizaje adquirido. Los padres son quienes tienen la responsabilidad de impartir disciplina, entendiendo la disciplina no como castigo, sino como la enseñanza y el aprendizaje de lo que puede o no puede hacer, brindándole así una base de estructura y seguridad al niño.


Los padres pueden llegar a tener desacuerdos debido a estilos de crianza diferentes que cada uno haya recibido, por lo tanto, es aconsejable que los padres busquen acordar objetivos comunes independientemente del estilo de cada uno. Además, es importante que traten de evitar contrariarse o desautorizarse uno al otro ante los ojos del niño.

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